El abogado Santos Montiel y su esposa Elizabeth habían decidido irse de su casa en buenos aires a pasar unos días con el abuelo de la familia don Justo Álvaro Montiel, con ellos también iban sus dos hijas Irene y Edith, Irene era la más joven a punto de cumplir sus quince años y como tal cargaba un irreverente carácter rebelde e inquieto mientras que su hermana mayor Edith con sus veinte años se doblegaba ante los modismos y tradiciones de toda una dama de clase pero en su corazón ALBERGABA
un deseo de libertad lejos de aquella realidad.
un deseo de libertad lejos de aquella realidad.
El camino hacia San Juan era largo y tedioso, faltaba poco para que la galera llegara a destino, por aquella zona todo era descampado e inhóspito y aun mas con los grises nubarrones del cielo, no pasó mucho cuando las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer
_ ¿Falta mucho para llegar a la Alborada? _ Preguntó santos al cochero haciendo referencia al nombre de las tierras de su padre
_ No señor ya estamos cerquita_ Respondió el fiel criado quien iba junto a la negra María, la niñera
_ Es lo peor de vivir en esta zona, yo no entiendo por que tu padre quiso establecerse aquí en este monte _ Replico la señora Elizabeth quien estaba acostumbrada a los lujos de la ciudad
_ Supongo que este lugar le recuerda a aquellas batallas libradas contra los indios, aunque los años le han llegado a mayores y a pesar de recibir su jubilación el sigue creyendo que es coronel_ Justifico así santos a su padre
_ ¿el abuelo fue coronel?_ Preguntó Irene con la presunción de obtener más información
_ Así es, teniente coronel de caballería, hace muchos años
_ ¿y quienes fueron esos indios contra los que lucho?_ Volvió a preguntar la joven cita quien con su brusquedad descolocó la elocuencia de su padre
_ Brutos, salvajes eso eran, por suerte ya no quedan muchos de ellos_ Se apresuró a responder Elizabeth arrastrando las palabras como si aquello le causaran cierta repugnancia, Edith odiaba ese carácter explosivo de su madre, afortunadamente no tenía mucho trato con ella, ya que si no se la pasaba en el club de señoras estaba en algún que otro evento de sociedad de las clases distinguidas de la ciudad, su ausencia no representaba molestia alguna a sus hijas ya que cuando pasaba tiempo con ellas en la casa prácticamente no parecía interesarse a menos que sea para encontrarles algún candidato. Tratando de ignorar esas criticas acaloradas se distrajo mirando el paisaje , le agradaba ver los arboles altos que decoraban aquellos caminos la brisa fresca y el olor a tierra que levantaba el carruaje, sin dudas Elizabeth se hubiera sorprendido de aquellos gustos poco refinados de su hija y por aquella misma razón Edith había aprendido a callar sus más profundas apreciaciones, razón por la cual parecía ser una joven silenciosa y dócil. Llegado a un punto noto que los arboles diferían un poco en cuanto a color y altura no presentaban la perfección de los cuadros pintados que adornaban la gran casona de buenos aires, estos traían consigo una belleza silvestre imperfecta pero natural, de repente observó que algo se desplazaba a gran VELOCIDAD, agudizó su vista para poder ver de qué se trataba, se afirmó mas junto a la ventanilla y cuando la misteriosa silueta alcanzo los arboles menos frondosos que rompían la línea deliberada del camino verde, lo vio, aquel era un hombre sobre un caballo blanco, un hombre diferente a los que había visto en la ciudad, muy diferente, llevaba el torso desnudo, la piel morena y firme sobre unos músculos fuertes , él y su caballo rompían el viento como si se tratara de un solo ser, llevaba una expresión furtiva que endurecía aquella escena, Edith hubiera dado cualquier cosa por poder ver mejor el rostro de aquel hombre extraño y sintió una fuerte curiosidad que le llevo a hacer una pregunta repentina
_ ¿Cómo son los indios?_ Su madre Hizo una mueca horrenda y Santos dio una explicación rápida para detener un arrebato repentino de su esposa
_ Tu abuelo dice que son gente de rasgos duros y piel del color de la tierra, de expresiones fruncidas y carácter de los mil demonios
_ Entiendo_ asintió la joven con una sonrisa inconsciente y cuando volvió la vista para volver a ver a aquel hombre había desaparecido.
Pronto el carruaje se adentro a un camino que se abrían entre los arboles altos, habían llegado a la estancia de don Justo que los esperaba en la puerta con sus manos en la espalda, firme a pesar de los años. Con una gran sonrisa los recibió afectuosa mente, amaba profundamente a sus nietas y llevaba tiempo sin verlas, se quedó sorprendido al verlas tan altas y bonitas, sin embargo se sintió algo preocupado al observar la mirada de Edith, era la mirada de una joven sita triste y acongojada, caminaba con la cabeza baja tras sus padres y su mente parecía divagar en pensamientos lejanos, quiso reprender a su hijo por que de seguro aquello era causa de su mala crianza, pero trató de alejar todo momento incomodo siendo ese el día de su llegada.
Pronto llegó la hora del almuerzo, la mesa ya estaba lista y los comensales ubicados para empezar a comer, el viaje les había abierto el apetito pero aun así la charla de mesa no faltó, don Justo quería estar al tanto de todo lo que acontecía en Buenos aires ,su familia y con cada argumento dado por su hijo comprobaba que había una gran distancia entre si, los observó como si fueran desconocidos entre ellos, Irene y Edith casi nunca hablaban a exceptuar por algunos comentarios bruscos de la más pequeña que a continuación eran sofocados por el mal talante de su madre.
Ambas niñas habían quedado fascinadas por aquel lugar tan diferente a su ciudad, allí se respiraba paz sin dudas era un lugar de ensueño. Llegado la noche y luego de la cena todos se dirigieron a sus habitaciones, Irene y Edith compartían un gran cuarto con camas especialmente preparadas para ellas, la negra María las había ayudado a cambiarse y ponerse sus camisones de seda.
Edith a pesar de encontrarse cansada por el viaje no lograba conciliar el sueño, observaba desde su cama a su hermana quien dormía profundamente y la envidiaba, se giró para mirar al techo que apenas era iluminado por la luz de la luna que entraba por la ventana, cerró los ojos en un último intento por sentir algo de sueño y algo la iso abrir los ojos de golpe, el aullido de un lobo quebrando el silencio de la noche, la curiosidad la invadió y sin esperar mucho se levanto de la cama y se asomó a la ventana abriéndola para poder observar mejor
quería ver a aquel lobo que merodeaba en la noche, pero en vez de eso sus ojos se encontraron sorpresivamente con la figura de un hombre, aquella silueta se mimetizaba con los árboles de los alrededores, estaba cerca del portón de entrada, con sigilo dió unos pasos hacia adelante, cualquiera hubiera huido por el miedo de aquella escena pero la curiosidad de la joven fue más fuerte, el hombre caminó entre las sombras hasta que un haz de luz lunar lo descubrió
era el mismo hombre que había visto cuando iba llegando a la estancia, el indio que cabalgaba ferozmente sobre aquel caballo blanco, conservaba aquella expresión furtiva en el rostro y aunque no lograba divisarlo con gran detalle sentía su mirada penetrante erizándole la piel.
_ ¡¡Niñas están bien!!_ Dijo don Justo entrando asustado por la puerta, corrió de inmediato hacia la ventana alejando a Edith casi de un empujón, ella por un momento le pareció que su abuelo hacia un gesto hacia la dirección en donde ella antes se encontraba mirando
_ ¿Qué sucede? _ Preguntó Irene refregándose los ojos de sueño
_ Estamos bien abuelo nos asustaste_ Reprocho Edith quien aun lo miraba examinándolo
_ Me alegro solo que…me pareció oír que alguna me llamaba_ Mintió con poco disimulo que ambas lograron notar y luego se retiro del cuarto.
Al día siguiente don Justo se encontró abrumado por las preguntas de sus dos nietas
_ De verdad niñas les digo que ha sido solo eso_ Repetía tratando de evitar mirarlas a los ojos
_ Abuelo_ Lo confrontó con decisión Edith_ Sabes que yo ya no soy una niña, necesito saberlo no quiero defraudarme de tu palabra_ El la observó con frustración y se dejó caer en el sillón de patio de la parte de atrás de la casa, Edith en parte se sintió culpable por aquello que le había dicho pero ya que su abuelo accedió sin más se concentró en escucharlo
_ Hay…algunas tribus de indios sublevadas a los alrededores de la zona, reconozco sus llamados de comunicación por que he vivido mucho tiempo por aquí y también me he enfrentado a ellos en el pasado
_ ¿Te refieres al aullido de lobo?_ Sorprendió nuevamente Edith a don Justo quien la observó con una expresión rígida, Irene los observaba a ambos con gran interés y una chispa de diversión en sus ojos
_ Así es, el aullido es símbolo de que tienen “un blanco” un objetivo para actuar para mostrarse, y estoy preocupado por que han decidido aparecer justo el día en que ustedes llegaron a la casa
_ Pero…
_¡no se hable más de esto! Prométanme niñas que no le dirán nada a sus padres al respecto, yo me encargaré de esto a mi manera_ Las dos joven sitas lo juraron solemnemente y dejaron que su abuelo se retirara cabizbajo con sus tribulaciones
_ ¿Cómo supiste lo del aullido Edith?
_ No lo sé, lo presentí _ Don Justo salió de la estancia en su caballo favorito ausentándose por algunas horas, la familia se sentó a disfrutar del bello día en el patio y más tarde llegada las siete de la tarde Justo se presentó en la gran sala donde todos se habían refugiado a la despedida del sol y habían puesto a leer, el hombre se aclaro la garganta para llamarles la atención y todos se quedaron observando a la extraña mujer que estaba atrás de el
_ Quiero presentar les a Fátima ella será mi criada y se encargará de ayudarles en todo lo que necesiten_ La mujer dio un paso hacia adelante y se inclino en un ademan muy respetuoso hacia la familia, Edith la observó de pies a cabeza, llevaba una larga trenza en su cabello que se colocaba de lado un vestido largo de corte simple del color de la tierra que contrastaba con el bello tono de su piel morena y grandes ojos marrones rasgados, todos reconocieron de inmediato que se trataba de una mujer india lo cual los dejó perplejos
_ Espero esté pronto la comida tengo mucha hambre_ Dijo don Justo para romper la tensión y se les unió en la lectura. Irene y Edith habían observado además que el abuelo se comportaba de modo alegre y distendido como si la preocupación de la mañana hubiera desaparecido con aquellas horas fuera de la estancia, sus mentes divagaron por curiosas suposiciones pero al final se rindieron a continuar indagando a su abuelo al menos por ahora.
La noche llego precipitadamente entre la cena y la hora de los cuentos del abuelo
_ Ya es hora de ir a dormir_ Las apuró María , se despidieron del abuelo y se encaminaron a su cuarto, aquella noche Edith tampoco lograba dormir y nuevamente se sintió atraída a observar por la ventana, fijo su mirada a donde lo había visto la última vez pero no había nadie allí esta vez, resignada se volvió a su cama y cerró los ojos por un momento, instintivamente volvió a abrirlos y allí junto a la ventana la figura de Fátima se le presentó como un fantasma en la oscuridad, miraba a través de la ventana cuando de nuevo el aullido de lobo volvía a quebrar el silencio de la noche
_ Solo queda un aullido más_ Dijo por lo bajo la mujer, a Edith se le vinieron todas las palabras juntas de su abuelo, todas sus impresiones iban hacia la misma direccion, todos esos sucesos llevaban a algo que estaba por comenzar algo que ni su padre ni su abuelo serían capaces de detener

















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