A la hora de la cena todos se mostraron más animados, sin dudas don justo transmitía una energía muy positiva cuando estaba de buen humor, Edith lo observaba y recordaba lo que había leído y visto aquella tarde, la vida de su padre y de su abuelo habían sido salvadas por un indio, muy irónico para tratarse del ex teniente coronel que había participado en las batallas contra los indios, su mente divago por muchas teorías, pero al parecer todo indicaba que había una especie de pacto entre su abuelo y los indígenas, pero aún había una cuestión que no podía olvidar, “El aullido del lobo”.
Luego de la comida todos se retiraron a sus respectivas habitaciones, Irene se entretenía peinándole el cabello a una muñeca que le había regalado su abuelo mientras que Edith disimulaba sus pensamientos tras un libro que ni siquiera había ojeado, por lo extraño que pareciese todo aquellos pocos días en la estancia le habían dado un poco más de libertad, una que se le había sido negada en la ciudad de Buenos Aires, una extraña sensación recorría su pecho, jamás pensó sentirse así en un lugar como ese y pese a sus miedos e incertidumbres no quería regresar a casa. Miró por la ventana, la noche se veía más que bella, el cielo estaba LIMPIO
y la luna brillaba en todo su esplendor opacando a las estrellas, antes no había sido capaz de notarlo o será que en aquellas tierras todo se volvía mágico e intensosintió de repente una energía impensada en los pies, así qué decidió caminar aunque sea por los corredores, la casa era inmensa y por las noches se volvía fría, una leve corriente atrajo unos murmullos que provenían de la biblioteca, Edith en silenció se acercó un poco más para oír la charla que resultaba ser de sus padres.
_ No sé si sea el indicado_ Dijo santos poco convencido
_ Es abogado es joven, muy inteligente y de buena familia es el candidato justo para Edith_ Al escuchar esto la joven se sobresalto, sus padres estaban planeando un ARREGLO
matrimonial_ Si pero sus ideas políticas no me caen muy en gracia, es un joven muy frío
_ Es lo de menos cariño, aquí lo único que importa es el bienestar de nuestra hija, estará muy bien posicionada socialmente
_ Podría ser, quizás_ El debate tan fervoroso por su futuro hicieron que aquella nueva sensación de bienestar y libertad que allí había descubierto desapareciera por completo, sintió que todo su cuerpo le temblaba, las lagrimas no caían pero estaban ahí, una mezcla arrebatada de sentimientos que necesitaban salir de su cuerpo o explotaría, sus pies le ardieron sentía esa energía nuevamente , aquello la llevo a salir corriendo de ahí, perdió completamente la noción de todo lo que había a su alrededor solo sentía la desesperación atravesando su pecho como una lanza, quería quitar esa sensación de sí misma no SOPORTARÍA
cargarla de nuevo después de haber empezado a experimentar lo que era ser libre. Sus brazos golpearon contra la puerta trasera de la casa con tal fuerza que logro abrirla, y sin prestarle la más mínima atención continuó corriendo, cada vez más fuerte sintiendo que el viento la empujaba hacia adelante y el frío le helaba la piel pero aún así continuó, hasta que por fin la oscuridad le hiso percatar que había llegado demasiado lejos de la casacuando fue consciente de donde se encontraba, entre la bruma y las sombras una gran figura se impuso cruzando el fino arroyo que tocaban sus pies descalzos, sus ojos se encontraron con los de Aukan, allí estaba él pero esta vez lo tenía cara a cara, su mirada la penetró con intensidad como si llegara a lo más profundo de su ser y la desnudara, se sintió completamente despojada de control sobre su cuerpo pero aun así el no desistió, la recorrió con ojos furtivos, ella trató de comprender la expresión de aquel indio pero estaba demasiado confundida como para sacar conclusiones, a lomo de su caballo Aukan cruzó el arroyo que los separaba y comenzó a rodearla, de un momento a otro se detuvo tras ella y un chasquido de piedras le indicó que él se había bajado de su caballo, a pasos pausados se le acercó aun más y Edith que no había podido moverse se sintió ansiosa, su cuerpo temblaba
_ No es bueno que una mujer huinca ande sola en la noche_ Su voz la condenó, hablaba mejor de lo que esperaba y el susurro dejó que su cabello jugara haciéndole cosquillas en su oreja, la piel se le erizó al escucharlo, se oía muy varonil, seguro y seductor
_ Solo daba un paseo_ Mintió tratando de sonar convincente, quería evitar que el notara su fragilidad
_ Tendrá que volver no es buena hora para paseos de los huinca_ De repente Edith se sintió un poco más segura y logró cambiar de posición, con mucha valentía se giró para enfrentarlo
_ Lo aré solo porque siento frío_ Su argumento sonó tan infantil como pareció y su seguridad de nuevo flaqueo al verlo a los ojos y a una muy corta distancia de su rostro, el esbozo una leve sonrisa rompiendo con la frialdad de sus facciones que hasta ese entonces parecía de piedra
_ Le pido que camine tres pasos hacia mi caballo
_¿ Y eso para qué?
_ Le pido tres pasos por favor_ Sus modales la sorprendieron pero como había sonado gentil hiso lo que le pidió, luego de eso y para su sorpresa unas manos grandes y toscas rodearon su cintura alzándola con fuerza y agilidad al caballo
_ ¡¡¿pero qué hace?!!_ Protestó Edith
_ La llevaré _ Casi sin notarlo el ya estaba tras ella y había ordenado a su caballo comenzar el trote. Cabalgaron en dirección a la casa y ella no pudo evitar sentir una mezcla de miedo y atracción, jamás un hombre se había atrevido a tocarla de esa forma, quizás porque siempre había tratado con caballeros de mucha galantería y ceremonia pero él era diferente y eso sorpresivamente le gustaba, en su espalda podía sentir que el apoyaba su pecho fuerte y su respiración continuaba siendo acompasada. Tenía deseos de girarse y observar su rostro ahora que lo tenía más cerca pero eso indicaba demasiado atrevimiento de su parte y no quería ponerse en descubierto. El trayecto parecía eterno y cuando logró divisar la casa cayó en cuentas del desastre que se aproximaba, estaba segura que sus padres la habían oído salir de la casa y no estaba equivocada conforme se iban acercando los vio posicionados en la galería, parecían estupefactos por el miedo de seguro estarían pensando lo peor, el último tramo en donde habían abandonado el camino de los arboles altos los expuso en su llegada una intensa luz de la luna, Don Justo apareció repentinamente desde el interior de la casa arrastrando los pies dispuesto a ponerse en comunicación con el indio
_ Aquí le traigo a una de sus mujeres Montiel_ El modo en que se expresó molestó a Edith , se sintió como si ella fuera un paquete el que debía ser devuelto, trató de disimular aquello mientras bajaba del caballo
_ Te agradezco por regresar a mi nieta, puedes tomar de mis frutas para tu gente_ El comentario de su abuelo también la había molestado, por alguna razón se encontraba muy susceptiva. El indio solo levanto una mano en señal de respetos
_ Mi nombre es Edith…¡recuérdelo bien!_ El comentario fervoroso de la muchacha interrumpió su partida y sorprendió a sus padres al mostrarse tan tenaz con un salvaje, Aukan hizo un ademan con su cabeza como una aprobación y luego desapareció en la espesura, la joven a pesar de su enojo y frustración quería volver a encontrarse con él y presentía que sería así pronto, se lo habían dicho los ojos de Aukan





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