domingo, 12 de julio de 2015

CAPITULO 2

No recordaba cómo había llegado afuera de la casa siendo de noche, Edith se sentía algo confundida, no había nadie junto a ella solo una espesa bruma que le quitaba el aliento, corrió hacia la casa pero las puertas estaban cerradas, golpeo desesperadamente para que alguien la oyera pero nadie salía, escucho entonces que un caballo se acercaba tras ella, giró para ver de quien se trataba y para su desgracia era de nuevo aquel indio llevaba la cara pintada y una lanza en la mano izquierda, la alzó sobre su cabeza LENTAMENTE mirándola fijo a los ojos ella sintió que ya no había escapatoria su mirada la había dejado inmóvil, ágil y con fuerza lanzó la lanza atravesándola directo en el pecho.


_ ¡¡¡¡Ediiiith!!!!_ sintió bruscamente la voz de su hermana quien estaba ahora frente a ella moviéndola con fuerza de los hombros _ Tuviste una pesadilla ya despierta
_ Fue horrible, y tan vívido menos mal que me despertaste hermana
_Eso es porque comiste mucho anoche, ya sabes lo que dice la abuela
_ Si, a pesar de que este lugar me inspira paz no entiendo porque me cuesta dormir y cuando lo hago solo es para pesadilla

_ Creo que es por lo que dijo el abuelo Justo, no es para alarmarse ya viste que él dijo que estaba todo bien
_ Irene tengo que contarte algo, pero promete que no se lo dirás a nadie
_ Te doy mi palabra_ Dijo la jovensita llevando su mano al corazón
_ El día que llegamos a la Alborada vi a un indio_ La niña se tapo la boca como si estuviera a punto de decir una palabrota
_ ¿Pero cómo?
_ Cuando veníamos por el camino en la Galera, lo vi entre los árboles cabalgaba a toda VELOCIDAD
_ ¡Santa María la virgen! Que miedo me da
_ Y eso no es todo creo también haberlo visto en los alrededores de la casa
_ pero ¿¡¡cómo no se lo has dicho al abuelo!!?_ Dijo exaltada
_ Lo note tan preocupado que preferí no hacerlo
_ Pero esto podría volverse peligroso hermana
_ Irene recuerda lo que te dije, no hay que decirlo a nadie en cuanto podamos hablaremos con el abuelo sobre esto
_ ¡¡pero hoy!!
_ Si hoy mismo
_ ¿¡¡Pero que es todo este cuchicheo tan tempranero!!?_ Rezongo la negra entrando al cuarto _ ya deberían estar con las caras lavadas vamos que es hora de desayunar. Eran las ocho de la mañana todo estaba listo en la mesa pero el abuelo no se había hecho presente
_ María ¿sabes donde esta mi padre?_ Preguntó santos algo extrañado
_ Se ha retirado por unos asuntos importantes pero volverá al caer el sol_ Se adelantó en responder Fátima, la india apareció como por arte de magia detrás de santos_ Todos se sorprendieron al escucharla hablar con un español claro se notó un tono extraño pero bonito en su voz un leve acento desconocido similar a la de los gauchos sin embargo se le había entendido con mucha claridad.

Todos se quedaron callados y se dispusieron a desayunar sin más vueltas. Edith recordó lo que le había dicho la muchacha la noche anterior cuando el aullido se escucho de nuevo
_ ¿Hasta cuando piensas mantener nuestra estadía aquí?_ Pregunto Elisabeth sin dejar de ocultar cierto desdén en sus palabras
_ Dos semanas
_ ¿no te parece que es mucho tiempo?
_ Ya habíamos hablado de esto cariño, no venimos casi nunca a visitar a mi padre corresponde quedarnos algún tiempo_ La mujer bajo la mirada y decidió no hablar más pero era notable en su expresión que detestaba la idea de quedarse en esas tierras más tiempo. Luego de que se levantaran de la mesa Edith decidió salir a caminar un poco por la estancia, necesitaba estar sola y respirar algo de aire, en su mente las imágenes de aquel sueño la sobresaltaban por momentos, los ojos de aquel hombre, su cara pintada lo recordaba muy bien y por un momento sintió que él la había invadido intencionalmente como si fuera parte de un embrujo, ¿sería el capaz de eso?
_ Señorita trate de no alejarse tanto de la casa_ Oyó la voz de Fátima que nuevamente la había sorprendido
_ Quería conocer un poco más allá de la estancia
_ No es buena idea en estos momentos_ Le advirtió nuevamente la joven india
_ Tu sabes algo que yo no sé ¿verdad?_ Se acercó un poco más a ella para mirarla a los ojos.


_ Son reglas de don Justo señorita, es el cuidado que él tiene para su familia
_ ¿a qué te referías anoche con que solo faltaba un aullido?
_ No se me está permitido hablar de eso señorita
_ Si es algo que concierne a mi familia te exijo que me lo digas
_ y yo vuelvo a decirle que son ordenes de don Justo_ Edith noto en el semblante de la joven una transfiguración, una mirada fuerte de advertencia que le transmitía algo de miedo, así que trato de direccionar su conversación para apaciguar el carácter de la muchacha
_ ¿Cómo es que hablas tan bien y le sirves a mi abuelo?
_ asistí a la escuela de los misioneros, en la iglesia su abuelo ofreció un trabajo para mí y ayudar a mi familia_ Aquella información la había sorprendido, ya que tenía entendido que Justo había formado parte de las campañas contra los indios. Al notar tan buena disposición por parte de Fátima para responder decidió hacer una pregunta más osada
_ Cuando venía hacía aquí vi a uno de los tuyos, el montaba un caballo blanco, ¿Quién es?_ Fátima trató de ocultar una expresión de sorpresa pero Edith lo notó_ ¿Lo sabes verdad?
_ Ese es… Aukan Wayrá hijo del cacique Minchequeo
_ ¿Qué es cacique?
_ El jefe de la comunidad
_ Entiendo_ Edith optó por no continuar preguntando sin embargo seguía llena de inquietud y curiosidad, pero entender a Fátima era un poco difícil así que prefería esperar a que su abuelo llegara a la alborada para poder hablar mejor con él. Pasando unas horas nuevamente se reunió con su familia a la mesa para almorzar y cuando hubo terminado se dirigió a la biblioteca para leer algún libro mientras esperaba a su abuelo, tomó uno sobre política que no le agradó para nada hubiera preferido alguna novela más interesante, así que lo guardó nuevamente y busco otro, casi todos eran de estrategias militares pero uno le llamo la atención por el título que llevaba “guerreros del desierto”, ojeo las primeras páginas y para su sorpresa no era un libro común y corriente si no que estaba escrito en primera persona como si se tratara de un diario personal o unas memorias de puño y letra, el autor era el mismo don Justo lo cual hizo que su curiosidad flameara con mucha intensidad. Y una pregunta invadió su mente ¿Qué clase de relación tenía su abuelo con los indios? . Abrió a mitad del libro y comenzó a leer

Podía oír que rodeaban la casa, no tenía idea de cuantos eran
Pero era seguro que eran más de uno, dentro solo estábamos mi hijo y yo, estaba listo a luchar con todas mis fuerzas por él, ya había perdido a mi esposa y no dejaría que me arrebataran de nuevo la vida. Dejé a Santos en su cuna y saque el trabuco de donde lo había guardado y prepare un facón acomodándolo en mi cinturón, por un fugaz instante todo quedó en silencio solo oía el viento que silbaba atravesaba las gritas de la puerta y la ventana de aquella pobre casa, agudice mis sentidos justo un segundo antes de que derribaran la puerta, el salvaje se lanzó contra mi pero logre dispararle en el pecho con la única bala que tenía pero la suerte ya estaba echada antes de que pudiera sacar el facón del cinturón otro indio me lo arrebato dejándome completamente desarmado, forcejeé con el pero era por lejos más fuerte que yo, sentí el frio filo del cuchillo que antes llevaba en mis manos ahora en mi cuello el infernal estaba dispuesto a cortarme la cabeza con brutalidad pero de repente sus manos ya no se encontraban haciendo fuerza contra mí y lo vi desplomarse a un lado y al caer noté que una flecha lo atravesaba en la espalda, frente a mi había otro indio que era el que había propinado dicho disparo él se mostraba apacible, entró hasta donde estaba yo y su mirada se dirigió hacia el otro extremo de la casa estaba seguro de que había visto a santos ya que sus llantos llamaban la atención, aquel salvaje dijo algo que jamás olvidaré
_ No más sangre, más perdón_ El se retiró luego de eso, habiéndonos salvado la vida de su misma gente, desde aquel día comprendí que no todos ellos eran iguales.

Edith se vio interrumpida en su lectura cuando Fátima cruzo la gran sala casi a trotes llamando su atención, dejó las memorias a un lado y la siguió con sigilo, ella se iba internando en lo más profundo de la arboleda dirigiéndose a los limites del terreno, estaba dispuesta a descubrir que era lo que tramaba, llegaron a una zona desconocida hasta ahora para Edith ya muy lejos de la casa cuando la india comenzó a detener su marcha, se escondió detrás de unos matorrales para ver con quien se reunía y para su sorpresa allí estaba su abuelo pero no solo él, sus ojos no podía creer lo que estaban viendo, detrás de un árbol lo vio aparecer, el indio con el que había soñado la noche anterior nuevamente en el caballo blanco se imponía monumental como una escultura de mármol, su piel morena brillaba al sol, los músculos de casi todo su cuerpo estaban expuestos rígidos con postura orgullosa pero aun así podía moverse sobre el caballo con una gracia natural, su presencia irradiaba respeto y miedo más aun por la forma en que arqueaba su cabeza hacia arriba como observando a los demás de un punto mucho más alto, nunca había visto un hombre así en su vida, Aukan el hijo del cacique



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